El capítulo 44 de Isaías celebra la grandeza de Dios, que es el primero y el último, y ridiculiza los ídolos hechos por manos humanas. En medio de ese mensaje, el versículo 22 trae una de las promesas más liberadoras del libro: Dios borró tus transgresiones como nube espesa y tus pecados como niebla. La imagen es bellísima: así como la nube se disipa, los pecados desaparecen de la vista de Dios. Después del perdón viene la invitación: vuelve a mí, porque yo te redimí. La redención divina es la base de nuestro regreso; no necesitamos purificarnos para volver, Dios ya nos purificó. Hoy somos invitados a creer que el perdón de Dios es tan completo como la nube que se disipa.