En la carta a los Romanos, Pablo presenta el evangelio de forma completa y ordenada. Declara sin vergüenza que el evangelio es el poder de Dios para salvar a todo el que cree. No es fuerza humana disfrazada, sino el propio poder divino en acción. La salvación alcanza a judíos y griegos, es decir, a toda la humanidad sin distinción. El evangelio se recibe por la fe, de principio a fin, sin mérito propio. Quien lo abraza descubre que Dios actúa con poder para transformar vidas.