En el capítulo 6, Pablo explica que la gracia no es licencia para pecar, sino poder para vivir en novedad. El versículo resume el destino de dos señores: el pecado y Dios. El salario del pecado es la muerte, el pago que él mismo genera. En contraste, la vida eterna es don de Dios, no un salario a conquistar. No se trata de cambiar de esclavitud, sino de recibir la libertad como regalo. Quien es de Cristo vive bajo la gracia, que transforma el corazón y la conducta.