En el capítulo 15, Pablo concluye la argumentación de la carta y explica sus planes de misión. Antes de eso, derrama sobre los lectores una bendición llena de esperanza. El Dios de esperanza llena a los creyentes de todo gozo y paz en el creer. Esa plenitud hace desbordar la esperanza por el poder del Espíritu Santo. La vida cristiana no es una espera vacía, sino una confianza alegre y pacífica. Cuando la fe es real, la esperanza se vuelve visible y contagiosa.