El capítulo 28 relata la resurrección de Jesús y el encuentro con los discípulos en Galilea. Antes de partir, Jesús entrega la misión que define a la iglesia: hacer discípulos en todas las naciones. Bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo apunta a la obra de toda la Trinidad en la salvación. Enseñar a obedecer todo lo que él mandó es el corazón del discipulado. Esa misión no es privilegio de algunos, sino llamado de todos los que siguen a Jesús. Lo que recibimos gratuitamente somos enviados a compartir.