En el capítulo 19, Jesús es condenado, carga la cruz y es crucificado en el Gólgota. Ante los soldados, los líderes y su madre, entrega el espíritu con la palabra que resume su obra: consumado es. No es un grito de derrota, sino la declaración de que la misión fue cumplida. El sacrificio estaba completo, la deuda estaba pagada, la salvación estaba sellada. Todo lo que las Escrituras prefiguraron encontró su cumplimiento en la cruz. En Cristo, la obra de redención está terminada y es suficiente.