En el capítulo 20, Jesús resucita y aparece a los discípulos, primero a María y luego al grupo reunido. Tomás no estaba presente y se niega a creer sin ver y tocar las marcas de la crucifixión. Ocho días después, Jesús se presenta ante él y lo invita a tocar sus heridas. Tomás responde con la confesión más alta: Señor mío y Dios mío. Jesús entonces pronuncia una bendición sobre los que creen sin ver. La fe de quienes no han visto es igualmente real e igualmente bendecida.