En el capítulo 8, Pablo celebra la vida en el Espíritu y la certeza del amor de Dios en Cristo. El versículo afirma que todo coopera para el bien de quienes aman a Dios y son llamados conforme a su propósito. No dice que todo es bueno, sino que todo contribuye al bien final. Ni siquiera el sufrimiento escapa al gobierno soberano de Dios. La promesa no es ausencia de dolor, sino la certeza de que ningún dolor se desperdicia. El llamado de Dios da sentido a cada capítulo de nuestra historia.