En el capítulo 13, en la noche de la última cena, Jesús lava los pies de los discípulos y les da un ejemplo de servicio. Luego anuncia el nuevo mandamiento: amarse unos a otros como él nos amó. El estándar no es nuestro amor natural, sino el amor de Jesús, que sirvió y se entregó. Ese amor debe ser la marca distintiva de sus seguidores ante el mundo. Es nuevo en alcance, en profundidad y en fuente. El amor que recibimos de Cristo es el combustible del amor que ofrecemos a los hermanos.