El capítulo 11 muestra a Juan el Bautista enviando discípulos para confirmar quién era Jesús, y Jesús respondiendo con una invitación. Después de condenar a las ciudades que no se arrepintieron, se vuelve hacia los cansados y oprimidos. La invitación es para todos los que cargan el peso de expectativas, culpas y dolores. Jesús no promete una vida sin trabajo, pero promete un yugo suave y un descanso para el alma. El descanso que ofrece nace de la confianza en él y no del esfuerzo propio. Aquí encontramos acogida, sin necesidad de merecerla.